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Intranquilidad, temor y pesimismo caracterizan hoy a los cristianos. Las marcas del tiempo son inequívocas. La cristiandad de la Iglesia está declinando. La gran disminución en número no es, en sí mismo, la señal exclusiva de un declinar espiritual. Lo que realmente perturba es la forma en que disminuye el significado del cristianismo en el mundo. Se afirma abiertamente que ni la cristiandad ni la Iglesia son ya relevantes en nuestra sociedad secularizada.

Adolfs cree que estos enfoques son insuficientes -como vívidamente lo hace él- que es la misma Iglesia la que priva al mensaje cristiano de su significado. En el decurso de la historia, quizás por una necesidad ineluctable, la Iglesia desarrolló un sistema feudal de gobierno y estructuras de poder que no dimanaban de su esencia intima sino de su contacto, en situaciones críticas, con el mundo secular. El resultado es que el rostro de la Iglesia hoy oculta la presencia viviente del Señor Jesús, que debería revelar.

¿Qué hace ante esta situación? El evangelio nos habla de dos clases de tumbas: los sepulcros blanqueados de la hipocrecía y el afán de grandezas mundanas y la tumba vacía del Cristo de la resurrección. Las primeras esterilizan y matan, en torno a la segunda nacieron la esperanza y la Iglesia. Si la iglesia quiere aún tener un futuro, debe vaciarse también a sí misma por la renuncia a todas las formas de poder, de la ostentación y del dominio. Solo así, convertida en la Iglesia del servicio, vacía y anonadada como su maestro, será aún el tiempos presentes y por venir. ¿Cómo orientarnos hacia esta Iglesia del futuro? Por cierto que no se logrará ni con "medidas" ni con reorganización. Será por sobre todo el resultado de un cambio en el corazón, de una conversión, de una nueva mentalidad.

U13340

Enlace OPAC

Intranquilidad, temor y pesimismo caracterizan hoy a los cristianos. Las marcas del tiempo son inequívocas. La cristiandad de la Iglesia está declinando. La gran disminución en número no es, en sí mismo, la señal exclusiva de un declinar espiritual. Lo que realmente perturba es la forma en que disminuye el significado del cristianismo en el mundo. Se afirma abiertamente que ni la cristiandad ni la Iglesia son ya relevantes en nuestra sociedad secularizada.

Adolfs cree que estos enfoques son insuficientes -como vívidamente lo hace él- que es la misma Iglesia la que priva al mensaje cristiano de su significado. En el decurso de la historia, quizás por una necesidad ineluctable, la Iglesia desarrolló un sistema feudal de gobierno y estructuras de poder que no dimanaban de su esencia intima sino de su contacto, en situaciones críticas, con el mundo secular. El resultado es que el rostro de la Iglesia hoy oculta la presencia viviente del Señor Jesús, que debería revelar.

¿Qué hace ante esta situación? El evangelio nos habla de dos clases de tumbas: los sepulcros blanqueados de la hipocrecía y el afán de grandezas mundanas y la tumba vacía del Cristo de la resurrección. Las primeras esterilizan y matan, en torno a la segunda nacieron la esperanza y la Iglesia. Si la iglesia quiere aún tener un futuro, debe vaciarse también a sí misma por la renuncia a todas las formas de poder, de la ostentación y del dominio. Solo así, convertida en la Iglesia del servicio, vacía y anonadada como su maestro, será aún el tiempos presentes y por venir. ¿Cómo orientarnos hacia esta Iglesia del futuro? Por cierto que no se logrará ni con "medidas" ni con reorganización. Será por sobre todo el resultado de un cambio en el corazón, de una conversión, de una nueva mentalidad.

U13338

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Uno de los acontecimientos religiosos más importantes a lo largo del año 1989 ha sido sin duda la celebración de la Asamblea Ecuménica Europea de Basilea (Suiza) que tuvo lugar del 15 al 21 del mes de mayo, durante la Semana de Pentecostés. Convocada por la Confederación de Iglesias Europeas (CIE) que comprende las Iglesias Protestantes y Ortodoxas, y por el Consejo de la Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) dentro de la Iglesia Católica, reunió a 700 delegados procedentes de todos los países del viejo continente y pertenecientes a las distintas Confesiones cristianas.

Su importancia no queda relegada a los días de su celebración sino que el interés por la misma va creciendo a medida que pasa el tiempo, y no sólo por parte de los creyentes y de las comunidades cristianas sino también por parte de personas no practicantes, e incluso no creyentes.

El interés no es debido solamente a la importancia del tema del Encuentro. "Paz, justicia e integridad de la creación"., sino a la preocupación de que estos tres problemas son vividos por el hombre actual y a la interdependencia existente entre los mismos. No puede haber paz sin justicia, La situación permanente de injusticia acarrea consecuencias funestas al medio ambiente. Y no puede darse una auténtica defensa de la naturaleza sin un clima de paz.  

U13337

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