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Sábado, 11 Abril 2020 23:07

Reflexión por Pascuas

¿Porque buscan entre los muertos al que está vivo?

 cape

Maximino Cerezo Barredo: El camino hacia Emaús (2002)

 

Durante esta Semana Santa hicimos memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, memoria que se encuentra atravesada por aquellos grandes momentos simbólicos que ya se mencionaran en la reflexión anterior, a saber, el Domingo de Ramos, la Purificación del Templo, la Última Cena, el Vía Crucis, la Crucifixión y Sepultura, la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección.

Cada uno de estos momentos se entrelazan con los tres grandes temas anteriormente nombrados, donde la Pasión solo parecería evocar el proceso que lleva a la muerte de Jesús por parte de las autoridades judías de su tiempo (autoridades religioso-políticas por cierto) y las autoridades territoriales/militares romanas, trabajando en connivencia para llevar adelante una supuesta pena de laesae divinitatis o blasfemia cometida por Jesús.

Lo cierto es que cada uno de estos hechos nombrados en los evangelios, nos remiten a acciones fuertemente contestatarias y anti-imperiales, donde el Principado Romano y sus colaboradores locales son abiertamente confrontados por las acciones de Jesús y su movimiento: la entrada triunfal en Jerusalén y la proclamación mesiánica de la multitud, la Purificación/Toma del Templo y su crítica feroz al lucro con la fe del Pueblo, la celebración de la Pascua como memoria de la liberación de Israel de la opresión egipcia y como constitución de una nación independiente de los poderes de la época, las torturas y la crucifixión como método de pena capital dirigido a los insurrectos anti-romanos, y por último, la resurrección como esperanza de la vuelta a la vida de aquellos que luchan por la justicia, son lecturas críticas que nos permiten conocer a ese Jesús otro, comprometido con la vida plena de todos/as en este mundo.

De allí que en esta Pascua celebrada durante estos días, la memoria de ese Jesús a quien confesamos como el Cristo, el Mesías elegido por Dios para liberar el mundo y hacer justicia desde los/as pobres, los/as marginados y los/as excluidos, debe llevarnos a reflexionar no sólo en la muerte sufrida por él (muerte enmarcada por el escarnio público, la tortura y la incertidumbre por el destino de los cuerpos) sino que también debe llevarnos a enfocarnos en su Resurrección como acontecimiento, la cual precisamente permite la resignificación profunda de su propia muerte y de la muerte como un todo, donde se anticipa el futuro de Dios y se reconoce finalmente que la misma no tiene la última palabra en la historia.

Es así que esta reflexión comienza con unas palabras registradas en el Evangelio según San Lucas, en el contexto de las mujeres galileas que van a preparar el cuerpo de Jesús en el sepulcro de José de Arimatea. Allí estas mujeres, en la conmoción producida por el cuerpo desaparecido, se encuentran con dos ángeles que les dicen: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.” (Lucas, 24.5b-6a) Es a este Jesús -el Mesías/Cristo- que traemos al presente, para hacer memoria de que la Pascua no se centra en la muerte en sí, sino en la muerte superada por la vida en su plenitud y eternidad, manifestada públicamente en la Resurrección: por ello ciertamente a Cristo Jesús se lo encuentra no en la tumba, sino en el camino donde junto con él podemos transitar la construcción de un nuevo proyecto comunitario y social, a partir del encuentro con el rostro de ese otro en quien se refleja la misma imagen de Dios.

De esta manera, el antiguo Pésaj que vemos relatado en el libro del Éxodo, que con el tiempo sería conocido como la Pascua Judía, a partir del hecho salvífico de Jesús el Mesías/Cristo, se reestructura radicalmente y adquiere un nuevo color, un nuevo sentido, donde la salvación universal y cósmica que nos trae el Mesías, se da gracias del paso de la muerte a la vida que él debe atravesar mediante la crucifixión, de manera que su Resurrección se convierta en la resurrección primera que preludia en nuestra era, la llegada de unos “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2° Carta de Pedro, 2.13b). Su Resurrección así, anticipa los poderes de ese mundo venidero de libertad, justicia y paz, invitándonos a construir en nuestra historia propiamente humana, a través del acogimiento en fe de tamaña liberación, la presencia y los signos de su reino/reinado que viene.

Que nuestro Dios y Padre, en esta Pascua, nos lleve al encuentro con y al caminar junto a, Jesucristo Resucitado en el rostro de nuestros prójimos, gracias a la energía y la guía de su Espíritu Santo que nos hace resucitar día a día en una esperanza nueva.

Oración: Dios de la vida y de la justicia, que has vencido a la muerte en la Resurrección de tu Hijo, ayúdanos a hacer memoria de los más pequeños que caminan junto a nosotros para construir un mundo nuevo y permítenos que en esta Pascua, evoquemos la victoria de la vida por sobre la muerte, sabiendo que en tu Espíritu ese mundo nuevo es posible. En el nombre de Jesús Resucitado te lo pedimos. Amén.

Luis G. Vásquez

Capellán – Pastoral Universitaria

UCEL

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